Adriana Martínez tiene 27 años y desde 2022 ejerce como intérprete de Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA). Es además docente en el Diplomado General que imparte el Colegio Bautista de Teología en San Salvador. «La discapacidad auditiva es una discapacidad invisible», reflexiona sobre la realidad que atraviesa a diario la comunidad sorda de su país.
Su acercamiento a la lengua de señas comenzó en la infancia, cuando en la iglesia a la que asistía el padre de una joven sorda enseñó al grupo de niños algunas señas básicas para incluirla. Años más tarde, al retomar los espacios de servicio comunitario, esa semilla volvió a germinar: aprender para enseñar y para comunicar a quienes no podían escuchar.
Con los años, su percepción sobre el colectivo cambió por completo: comprendió que las barreras de comunicación no las tienen las personas sordas, que poseen una lengua materna viva, sino los oyentes que las dejaron en un aislamiento sistemático. Recuerda con indignación una consulta médica a la que acompañó a un familiar, donde una mujer sorda llevaba horas sin ser atendida porque nadie comprendía su lengua, y la respuesta que recibió al intervenir como intérprete fue de un profesional que consideraba «ridículo» aprender señas.
La escasez de intérpretes acreditados también golpea el ámbito judicial, donde hay casos de mujeres sordas que estuvieron a punto de perder sus viviendas por no comprender los documentos que firmaban. El Salvador reconoció la LESSA recién en 2014 y todavía no garantiza la accesibilidad universal en sus instituciones.
Martínez también busca desmitificar el oficio: interpretar no es traducir palabra por palabra, sino un proceso que exige escuchar el mensaje en español, transformarlo a la gramática visual y tridimensional de la LESSA y ejecutarlo con el cuerpo, todo de forma simultánea. A esa exigencia cognitiva se suma la contención emocional frente a discursos que tocan fibras íntimas, sin poder interrumpir la comunicación con la persona sorda.
En el plano académico, coordina el diplomado del CBT junto al maestro sordo Miguel Ángel Orellana, una dupla que combina la autenticidad lingüística y cultural de la comunidad sorda con el anclaje de la intérprete oyente para resolver dudas estructurales. En el marco de la Semana Internacional de las Personas Sordas, su mensaje es doble: a la comunidad sorda, a no bajar los brazos en la conquista de espacios profesionales y académicos; y a los oyentes, a perder el miedo y sumarse al aprendizaje de la LESSA.
Desde Celsa valoramos testimonios como el de Adriana Martínez, que visibilizan el rol clave de los intérpretes en el acceso a la salud, la justicia y la educación, y reafirman la importancia de formar profesionales de la Lengua de Señas.


